Cuando despertó era de día y la gente ya caminaba por las veredas para ir a trabajar. Se dio cuenta que tenía el arma en la manos, la tiró a la basura y fue de regreso a casa de su padre. En el camino se encontró con su amigo, que aún continuaba ebrio por el whisky de la noche anterior y juntos fueron a drogarse un poco bajo el puente que separaba a la gente pobre de la gente rica de la ciudad.
Transcurrieron dos semanas bajo el puente, tapado con el mismo plástico azul para protegerse del frío y de la lluvia. No sentía hambre y no recordaba nada de lo sucedido, al fin y al cabo a nadie le hago falta, pensaba mientras escribía su nombre en los ladrillos salitrosos del puente con unas hojas de geranio que tenía al costado. Se encontraba en una situación tan miserable que la gente que pasaba le daba limosna y panes duros. Ya tenía un perro a su costado, que muy sabiamente, se unió a él bajo el puente para calentar juntos sus cuerpos y que el frío no lo mate.
Un día despertó y pudo notar que no estaba en su cuarto porque no estaban las ratas que habían formado un nido entre su ropa vieja y sucia, ni tampoco escuchaba los gritos de los hijos de la mujer su padre. Se levantó, y el perro con él, y ambos fueron de regreso a la casa de su padre.
En el camino se topó con su amigo, esta vez estaba sobrio y lo invitó a tomar un poco de vodka en su casa. No aceptó ir hasta que su amigo aceptó que vaya también el perro con ellos. Al llegar a esa casa bebió y comió muchísimo, estaba con hambre y también le dio comida al perro. Una vez conscientes los dos separaron sus caminos: el perro salió de la casa con dirección contraria a la del chico, quien se fue de inmediato a la casa de su padre.
No entendía muy bien lo que había pasado pero quería regresar al que todavía considera su hogar. Cuando llegó lo esperaban juntos su padre y su madre. Y su felicidad fue inevitable, aunque solo le duró un segundo porque tras ellos un oficial de policía lo esperaba para llevarlo preso. No lo recordaba, pero el chico había matado a su padrastro, en defensa de su madre, pero ésta nunca declaró a su favor y lo único que hacía era llorar a su marido muerto y maldecir e insultar al chico por el homicidio cometido.
Era horrible todo lo que estaba ocurriendo con el chico, era tan horrible que era preferible que se encontrase muerto. Él amaba tanto a sus padres, los amaba con todo su corazón y con todas sus fuerzas, pero lo estaban defraudando una vez más, una vez más lo dejaban desamparado, una vez más lo odiaban, una vez más lo alejaron de sus vidas. Por fin se habían deshecho del chico que para ellos era un estorbo y un error fatal en sus vidas. El chico los amaba y estaba sufriendo demasiado. A dónde iría a parar todo ese amor que sentía por ellos.
Pasaron algunos años, salió de prisión visiblemente cambiado y con un solo objetivo: nunca más se separaría de sus padres, los buscaría y haría todo lo posible para que nunca se vuelvan a separar. Y eso es precisamente lo que hizo.
Luego de acechar varias noches, encontró a su padre caminando con dirección a la avenida. Se interpuso en su camino, le dijo que había salido de prisión para buscarlo y para que nunca más se volvieran a separar. Entonces su padre se negó a vivir con él y su madre otra vez, pero el chico se las ingenió para que su padre aceptara.
Y así los dos fueron a buscar a su madre para vivir nuevamente los tres.
Acecharon a su madre durante dos días y notaron que en las noches nunca salía de casa porque cuidaba a su nuevo bebé. Entonces decidieron entrar y convencerla para que viniera con ellos. Su madre estaba realmente asustada e intentó llamar a la policía, pero tuvo que colgar al ver el rostro compungido del padre del chico. Le pidió perdón de rodillas y con lágrimas abundantes le dijo que no podía ir con ellos porque tenía un bebé al que debía cuidar. Al final el chico se las arregló para que su madre también aceptara volver a ser la familia que fueron un día.
Cuentan que en las noches se puede ver a un chico que deambula por las calles con dos cabezas humanas en cada mano: una cabeza es de un hombre y la otra de una mujer, ambas con expresiones de horror y tristeza a la vez. Cuentan que este chico conversa con ambas cabezas a las que les dice papá y mamá, las abraza y sonríe, y que camina con un perro a su costado que parece ser la mascota de esa extraña familia. Cuentan que este chico vive bajo el puente que separa la ciudad en dos zonas: la de los ricos y la de los pobres. Este chico juega y corre por allí dentro de la burbuja que el inmenso amor que sentía logró crear para protegerlo de morir, el amor fue más fuerte que cualquier otra cosa e hizo que él viva feliz eternamente, al lado de las dos personas que más daño le hicieron en este mundo, pero que sin embargo él amaba.