viernes, 17 de febrero de 2012

DÉJATE MORIR

¿Por qué no te mueres? ¿tienes suerte?
Estoy intentando matarte y aún así rehúyes a la muerte
¿Aún queda valor en ti?
¿Aún te esforzarás por vivir?
No vales nada, no pierdas más el tiempo
Déjate caer, será tu último aliento
Te prometo no hacerte sufrir
Te prometo que allá estarás mejor que aquí
Será lo mejor para los dos
Déjate morir y dime adiós.

Nunca pensé que llegarías a mí
Ni siquiera en mis más remotos sueños te pedí
Soy torpe y egoísta
Un débil y prematuro artista
Quiero vivir lo que aún no he conocido
El dolor y los sentimientos para mí son desconocidos
Déjate vencer, pronto todo acabará
Si es que tuviste memoria, nada recordarás
Te prometo, que no lo volveré a hacer
Te prometo que será la última vez.

Sigo preguntándome ¿Por qué no te mueres?
Estoy intentando matarte y aun así me quieres
Entre los dos, has sido tú el elegido
No habrá dolor, estarás adormecido
Muere de una vez, no me dejas alternativa
No lo hagas más difícil, estamos hablando de mi vida
Te prometo que tu descanso será eterno
Te prometo olvidarme de este infierno
Soy un miserable asesino
Un facineroso ladino

¿Por qué demonios no te has muerto?
Muere de una vez, maldito retuerto
Dime qué debo hacer, dime qué hago contigo
Por qué apareciste, te maldigo
No puedo dejar de gritar, no puedo calmar mi dolor
No puedo matarte maldita sea, no tengo valor
Soy tan cobarde, soy tan asqueroso
Soy basura que no sirve, un desperdicio apestoso
No puedo hacerlo, no puedo más
En realidad debes morir, esto no va más.


Tuve que matarte, lo siento
Se supone que no deben quedar remordimientos
Es inevitable, soy un ser humano imperfecto
¿Podré ser feliz con este sufrimiento?
Malditas palabras de aliento
Maldito el día en que te tuve dentro de mí
Por suerte nunca regresarás, te destruí
Prometo construir una nueva vida por ti
Prometo recordarte con frenesí
Lamentablemente, en este mundo no podías vivir.

miércoles, 15 de junio de 2011

URANIA

Miras tus manos y ves al cielo con timidez
Las vuelves a mirar y piensas que nada tiene validez
Rebuscas en tus bolsillos con avidez
En un arranque frenético de miedo y estupidez
Estás parado bajo el cielo y su sencillez
Y te sigues preguntando lo mismo una y otra vez
Caminando te has enredado en tus pies
Y ahora ves el mundo totalmente al revés.

Tocas tu ombligo pero aun sigues sin entender
Se trata de un mal sueño o pesadilla al parecer
Gritas, lloras y, lo que ocurre, sigues sin saber
Te has quedado solo y aun no alcanzas a comprender
Que no hay nadie a tu alrededor que te diga que hacer
No te das cuenta que tienes el poder
De hacer que las cosas funcionen como deben ser
Pero es tarde, el curso de las cosas no puedes detener.

Entonces a lo lejos alcanzas a ver un cuerpo brillante
Te animas a dar un paso adelante
Y de pronto te encuentras flotante
Alrededor hay muchos más que esperan expectantes
A que te caigas y que te duela bastante
El temor te ha dominado en un instante
Y tu cabeza se llenó de cosas aberrantes
Alrededor hay muchos que ahora se ven pequeños y distantes.

Abres los ojos y no puedes distinguir colores
El ambiente denso colmado de olores
Trae a tu mente ciertos pudores
Estas desnudo y rodeado de extraños observadores
Y al verte despertar, de su cuerpo brotan secreciones
Comprendiste que serías sometido a una serie de horrores
Y fuiste atravesado sin piedad, sangrabas por montones
Despiertas y estás solo, todo fue un mal sueño supones.

Abres los ojos y ves al cielo de nuevo
Observando las nubes y a las aves que alzan vuelo
Has caído sin darte cuenta en un profundo sueño
Despiertas y una vez más estás al ras del suelo
Y solo puedes ver esos horribles y largos dedos
Serían miles o cientos con abundantes agujeros
Seres sin rostro te miraban con esmero
Asustado y conmovido escuchaste sus credos.

“Bienvenido a Urania ser despreciable
Somos lo que llamas Dios, somos muy amables
Esto es bello y necesario, aunque te parezca abominable”
No entendía tu cerebro tales palabras execrables
Ni siquiera eran palabras esos ruidos inimaginables
La verdad mas que nunca era inalcanzable
Han ocultado verdades de valor inmensurable
¿Acaso lo que has vivido hasta ahora es una mentira infame?

Errante, sin identidad en un mundo perverso
Observando dentro de cada ser, el misterioso universo
No existes para nadie, pero sigues aquí atento
Dentro de poco, el mundo se volverá violento
Cuando lo que solo tú sabes, esté totalmente disperso
Nadie podrá entender con facilidad, será un tormento
La confusión reinará, se ha oscurecido el firmamento
Ha empezado la destrucción del fin de los tiempos.

Tu cuerpo segmentado yace en la tierra
Pisoteado y olvidado por los que aun viven en ella
“La revolución” culminó, ha terminado la guerra
Los hombres no aceptaron la verdad, no creyeron en ella
Y la verdad fue develada, bajó desde las estrellas
Es muy tarde para pensar en el loco de la historia aquella
Los hombres acabaron con él, no quedó huella
Por gritarle al mundo una verdad que consideraron blasfema.

lunes, 25 de octubre de 2010

Campaña de Sensibilizacion - Concientizacion "Tu mejor amigo"

Fundación Hermano Menor, en colaboración con las agrupaciones juveniles "Zona Urbana en Movimiento" ZUM y AMDENA, estará realizando este Domingo domingo domingoooooo 31 de octubre una campaña de Sensibilización y Concientización al respecto de la Tenencia Responsable de perros, consejos para la alimentación, crianza, consejos caseros para solucionar emergencias con nuestros engreidos y más.

El lugar donde realizarán esta noble labor, será en la Nueva Alameda de Villa el Salvador, entre las Avenidas Vallejo y Revolución, cerca a la municipalidad de Villa el Salvador.

Mediante Facebook, están promocionando el Evento y un Juego Trivia: Cuáles son los dos nombres, ingles y español del pajarito de Snnopy??...los que tengan la respuesta correcta y se acerquen el día del evento recibirán un premio.

No falten!!
  



miércoles, 16 de junio de 2010

EL CHICO ITINERANTE

Cuando regresó a casa de su padre notó que definitivamente las cosas habían cambiado. Tal como lo imaginaba, nada era igual. De ser alguien medianamente aceptado pasó a ser el repudiado horrendo y mugroso. Ya nadie cruzaba palabra con él, y si lo hacían, era solo para increparle sus acciones.

Él pensaba que gran parte de la culpa la tenían la nueva esposa de su padre y sus dos hijos. Era una mujer a la que solo le importaba que su padre la mantenga a ella y a sus hijos, ella a cambio le daba sexo. El chico se sentía traicionado una vez más. Primero había sido su madre. Ahora su padre, y más que odio, sentía desprecio hacía él.

Años atrás su madre le había pedido el divorcio a su padre en un arranque de frenetismo feminista y egoísta. El dinero no era suficiente para cubrir con los gastos de una familia joven dividida por los sueños incompatibles de unos muchachos que, jugando a ser grandes, se vieron obligados a dejar sus ideales en el olvido.
 
En un contexto tan conflictivo creció él. Engreidísimo los primeros años de vida, aborrecido en la adolescencia. Había descendido estrepitosamente del cielo al infierno. De amar a sus padres pasó a odiarlos con fervor. El cariño y el amor que le debían como hijo, era entregado a dos completos extraños que no compartían la misma sangre con ellos, pero que sin embargo, representaban la felicidad de aquellos dos que lo trajeron al mundo y que lo expulsaron de su vida sin reparo.
 
Él creía que la culpa era suya, y la re direccionaba contra las nuevas familias de sus padres, pero la disfrazaba como rebeldía y desprecio. A pesar de todo, él los amaba demasiado y se encontraba muy lastimado. Nunca lo admitiría. Se pasaría el resto de sus días negándoselo y negándole al mundo sus reales sentimientos.
 
El chico era retraído al extremo, era vago también. Se pasaba el día encerrado en el que todavía era su cuarto, ensimismado al punto del autismo. En la calle y en casa de sus amigos aprendió a consumir drogas y a beber alcohol. Su cuarto era el muladar preferido de las ratas del vecindario. Pero a nadie le importaba, nadie limpiaba, nadie entraba a su habitación.
 
Hace unos meses le dijo a su padre que se iría a vivir con su madre y abandonó su casa. Al llegar donde ella pensó que sería bien recibido y que inclusive, su madre le pediría perdón y trataría de recuperar el tiempo perdido. No fue así. El nuevo marido de su madre era un alcohólico y mujeriego. Su madre vivía renegada de la vida, pero con las comodidades que siempre soñó. Estaba embarazada pero pese a ello, su marido le pegaba religiosamente todas las noches. El chico no podía soportar ver esto, quería defender a su madre pero era demasiado débil para intentar hacerle frente. La impotencia que sentía lo empujaba a confinarse en su cuarto en donde bebía los licores que lograba robarse de su padrastro. Hasta que un día se robó un whisky muy caro y se acabaron la botella completa entre él y su amigo. Entonces su padrastro notó la falta y de inmediato le echó la culpa, pero como el chico estaba totalmente ebrio no se dio cuenta de lo que pasaba, entonces su padrastro sacó un arma y golpeó con ella a su madre en la cabeza hasta quedar desmayada. El chico reaccionó, se le aventó encima, y en el forcejeó un disparo se incrustó en el pecho del señor. El chico muy asustado corrió de aquella casa sin parar y sin mirar atrás, luego se quedó dormido.
 
Cuando despertó era de día y la gente ya caminaba por las veredas para ir a trabajar. Se dio cuenta que tenía el arma en la manos, la tiró a la basura y fue de regreso a casa de su padre. En el camino se encontró con su amigo, que aún continuaba ebrio por el whisky de la noche anterior y juntos fueron a drogarse un poco bajo el puente que separaba a la gente pobre de la gente rica de la ciudad.
 
Transcurrieron dos semanas bajo el puente, tapado con el mismo plástico azul para protegerse del frío y de la lluvia. No sentía hambre y no recordaba nada de lo sucedido, al fin y al cabo a nadie le hago falta, pensaba mientras escribía su nombre en los ladrillos salitrosos del puente con unas hojas de geranio que tenía al costado. Se encontraba en una situación tan miserable que la gente que pasaba le daba limosna y panes duros. Ya tenía un perro a su costado, que muy sabiamente, se unió a él bajo el puente para calentar juntos sus cuerpos y que el frío no lo mate.
 
Un día despertó y pudo notar que no estaba en su cuarto porque no estaban las ratas que habían formado un nido entre su ropa vieja y sucia, ni tampoco escuchaba los gritos de los hijos de la mujer su padre. Se levantó, y el perro con él, y ambos fueron de regreso a la casa de su padre.
 
En el camino se topó con su amigo, esta vez estaba sobrio y lo invitó a tomar un poco de vodka en su casa. No aceptó ir hasta que su amigo aceptó que vaya también el perro con ellos. Al llegar a esa casa bebió y comió muchísimo, estaba con hambre y también le dio comida al perro. Una vez conscientes los dos separaron sus caminos: el perro salió de la casa con dirección contraria a la del chico, quien se fue de inmediato a la casa de su padre.
 
No entendía muy bien lo que había pasado pero quería regresar al que todavía considera su hogar. Cuando llegó lo esperaban juntos su padre y su madre. Y su felicidad fue inevitable, aunque solo le duró un segundo porque tras ellos un oficial de policía lo esperaba para llevarlo preso. No lo recordaba, pero el chico había matado a su padrastro, en defensa de su madre, pero ésta nunca declaró a su favor y lo único que hacía era llorar a su marido muerto y maldecir e insultar al chico por el homicidio cometido.
 
Era horrible todo lo que estaba ocurriendo con el chico, era tan horrible que era preferible que se encontrase muerto. Él amaba tanto a sus padres, los amaba con todo su corazón y con todas sus fuerzas, pero lo estaban defraudando una vez más, una vez más lo dejaban desamparado, una vez más lo odiaban, una vez más lo alejaron de sus vidas. Por fin se habían deshecho del chico que para ellos era un estorbo y un error fatal en sus vidas. El chico los amaba y estaba sufriendo demasiado. A dónde iría a parar todo ese amor que sentía por ellos.
 
Pasaron algunos años, salió de prisión visiblemente cambiado y con un solo objetivo: nunca más se separaría de sus padres, los buscaría y haría todo lo posible para que nunca se vuelvan a separar. Y eso es precisamente lo que hizo.

Luego de acechar varias noches, encontró a su padre caminando con dirección a la avenida. Se interpuso en su camino, le dijo que había salido de prisión para buscarlo y para que nunca más se volvieran a separar. Entonces su padre se negó a vivir con él y su madre otra vez, pero el chico se las ingenió para que su padre aceptara.
 
Y así los dos fueron a buscar a su madre para vivir nuevamente los tres.

Acecharon a su madre durante dos días y notaron que en las noches nunca salía de casa porque cuidaba a su nuevo bebé. Entonces decidieron entrar y convencerla para que viniera con ellos. Su madre estaba realmente asustada e intentó llamar a la policía, pero tuvo que colgar al ver el rostro compungido del padre del chico. Le pidió perdón de rodillas y con lágrimas abundantes le dijo que no podía ir con ellos porque tenía un bebé al que debía cuidar. Al final el chico se las arregló para que su madre también aceptara volver a ser la familia que fueron un día.

Cuentan que en las noches se puede ver a un chico que deambula por las calles con dos cabezas humanas en cada mano: una cabeza es de un hombre y la otra de una mujer, ambas con expresiones de horror y tristeza a la vez. Cuentan que este chico conversa con ambas cabezas a las que les dice papá y mamá, las abraza y sonríe, y que camina con un perro a su costado que parece ser la mascota de esa extraña familia. Cuentan que este chico vive bajo el puente que separa la ciudad en dos zonas: la de los ricos y la de los pobres. Este chico juega y corre por allí dentro de la burbuja que el inmenso amor que sentía logró crear para protegerlo de morir, el amor fue más fuerte que cualquier otra cosa e hizo que él viva feliz eternamente, al lado de las dos personas que más daño le hicieron en este mundo, pero que sin embargo él amaba.
 

jueves, 15 de octubre de 2009

DOLOR Y VENGANZA

Tan hermosa como fría
Tan calculadora como obsesiva
Mucho dolor había sentido durante toda su vida
Que unas horas más no la desesperarían
Planeó todo para que no hubiera huída
Muchos papeles, libros, muebles y bencina
Era una casa grande, cómoda y vacía
Pacientemente su llegada esperaría

Cuanto sufrimiento él le había provocado
Era muy joven y taimado cuando eso había pasado
Destrucción y exterminio había logrado
Aunque nunca quiso hacerle ningún daño
Al voltear a mirarla se sintió muy asustado
La mujer estaba casi agonizando
Su ropa y sus brazos casi destrozados
Fue tan grande la impresión que lloró lo que nunca había llorado

Desde muy lejos caminó todo el día
Era un pueblo lleno de semáforos y avenidas
Perros paseados por sus dueños y saludos entre vecinas
Encontró lo que buscaba, esa casa de la esquina
Entró rápidamente de manera furtiva
No había nadie, se escondió tras las cortinas
Pensó un poco mientras lagrimas caían
Decidió que no importaba si también moría

Él estaba en la ceremonia que habían organizado
Para conmemorar las hazañas valiosas que había logrado
Uno tras otro hablaban en el estrado
Y él no podía evitar sentirse fastidiado
Las imágenes de guerra a su memoria regresaron
Y la de aquella mujer con el cuerpo destrozado
Era insoportable revivir ese tormentoso pasado
Se marchó y dejó a todos anonadados

Rebuscó entre sus bolsillos y zapatillas
Encontró fósforos y una soguilla
Revolvió toda la casa y la dejó patas arriba
El trabajo de un ladrón mediocre parecía
Pero ocultaba muy bien lo que realmente sucedería
Recorrió toda la casa y la roció con bencina
Despacio regresó a la puerta de salida
Y esperó tras ella, sentada y muy tranquila

Él llegó a su casa y la encontró realmente desordenada
No alcanzaba a comprender, cuando vio una mujer en el suelo sentada
La reconoció y supo que ella era a quien amargamente recordaba
Ella le sonrió y le dijo aquí todo se acaba
Prendió un fósforo, lo tiró y todo se incendiaba
Perdóname, nunca quise dañarte ni nada
Soy lo último que verás, le dijo mientras lágrimas rodaban
Ninguno se movió y la casa de quemarse terminaba

miércoles, 14 de octubre de 2009

CANCION DE UNA NINFÓMANA

Siempre necesita más y más
Porque conforme con nada esta
De noche o de día da igual
Solo en sexo ella puede pensar
Le gusta beber y fumar
De vez en cuando jalar y lanzar
de tono en tono por aquí por allá
con el primer huevón ella se va.

Y se aburre rápidamente
porque su deseo fue saciado totalmente
tomó lo que necesitó de ese demente
que fue un vacilón solamente
le dijo adiós, y él, no detente
y ella dijo me espera una fiesta allá enfrente.

Por la calle buscando hombres está
porque conforme con nada está
sólo ve mujeres, le da igual

pues en sexo con hombres sólo puede pensar
le gusta beber y fumar
pero ya no quiere jalar ni lanzar
los tonos siempre bien recibidos serán
y siempre con un huevón se irá.

Y entonces derrepente
se topa con el mismo huevón demente
no pudo reconocerlo pues ahora luce diferente
pero seguirá siendo un vacilón simplemente
le dijo adiós, y él, te amo detente
el amor no existe, dijo ella lentamente.

jueves, 1 de octubre de 2009

PROCEDIMIENTO CONCURSAL *


Reunidos todos en un círculo. Sentados, con las manos sobre los muslos. Las miradas fijas quizás en la nada, quizás en cada uno de los participantes de aquel procedimiento. Eran miradas severas entremezcladas con aburrimiento. Todos callados, uniformados, recelosos, inquietos y expectantes. Estaban esperando la hora, estaban esperando que su espera llegara al final.





Era un cuarto pequeño, iluminado tenuemente por la luz que se colaba por una ventana proveniente del cielo raso. Sin más ventanas, sin puertas, solo un arco daba paso a la sala en la que esperaban. No había mesa ni tampoco algún amoblado adicional, sólo las sillas ocupadas por los presentes y una libre para alguien que aun no había llegado





Cada uno de ellos tenía algo importante que decir, una posición que defender. Ninguno cedería ante los otros. Era una pugna por ser reconocidos y obtener alguna prerrogativa que los aventaje frente a los demás. Cada uno tenía un buen argumento que exponer, y los medios y fundamentos que los acreditaban en el orden de prelación que aspiraban.





Y el encargado de presidir tan extraña reunión no aparecía. Tenía que llegar para iniciar la sesión, aunque no decidiría sobre el destino de lo que allí pasaría, su presencia era importante para conducirla. Sólo se ceñiría a su reglamento, escucharía la exposición de las partes, reconocería la importancia de los que la tuviesen y establecería el orden de preferencia de cada quien.







De entre los concurrentes, resaltaba uno por su exagerado perfil bajo y su traje de color blanco. Su expresión era deleznable y repugnante, parecía estar asqueado e incluso asustado. Parecía querer irse pero se encontraba constreñido por los demás quienes le dirigían tétricas y devoradoras miradas de rato en rato. Se esforzaba por no ver a nadie, por pasar desapercibido. Incomodidad, vergüenza, timidez. Mientras los demás esperaban el inicio de la sesión, él esperaba que todo acabara pronto, puesto que huir no contaba como posibilidad.





Minutos más tarde llegó el encargado de presidir la sesión y con un “buenas tardes”, dio por iniciado el Procedimiento Concursal.





Antes de pronunciar alguna palabra más, se dedicó a observar a cada uno de los participantes. Sus lustrosos trajes negros dotaban de solemnidad a la sala. También observó al hombrecillo del traje blanco y no pudo evitar sentir algo de lástima por él. Aprovechando aquel silencio, todos preparaban sus documentos y repasaban mentalmente sus argumentos. Todos menos el hombrecillo desapercibido, quien sólo movía frenéticamente sus dedos en un enfermizo y continuo vaivén.







Entonces, el sujeto que precedía la sesión se sentó en la silla libre y en voz alta proclamó “en orden expondrán sus motivaciones”, instando a los demás a prestar atención.





En orden aleatorio uno a uno fueron explicando las razones, motivaciones y los documentos que sustentaban sus pretensiones a la obtención del mejor orden de prelación ansiado. El presidente los observaba y anotaba, consultaba su reglamento, los escuchaba y participaba para aclarar algún punto controvertido o confuso en cuanto a la correcta interpretación y aplicación de la norma. Pronto terminaron su exposición, el hombrecillo de blanco sólo se limitó a escucharlos pues tampoco podía participar.





Una vez culminada la fase expositora, con solemne voz, el presidente leyó la lista que había confeccionado. Se reconocieron ocho órdenes y se les dio a los participantes de traje negro carteles con el número de orden que les correspondía.





Entonces, el sujeto de blanco, aquel hombrecillo de perfil bajo que se había mantenido callado durante la exposición de los demás, adquirió un repentino protagonismo al expresar su conformidad con los órdenes establecidos. Y de ahí en adelante él sería el completo centro de atención de lo que restaba de sesión.





Pronto anocheció y por el ventanal del techo ahora se colaba la luz de la luna llena, dándole un aire tenebroso a la sala. Comenzaba así la fase repartidora.





Unos cuantos pasos al frente y el melindroso hombre de blanco se hallaba en el centro de todos. Rápidamente el número uno tomó de aquel lo que le pertenecía. Y así, en orden pasaron al frente uno por uno y le quitaron al hombrecillo lo poco que le quedaba. El último ni siquiera tuvo que hacer esfuerzos, pues sólo cogió la parte que sobró.





Fue hasta terminar la repartición que recién se percibió el hedor. Los hombres de negro estaban más que acostumbrados a esta sensación, puesto que se apersonaban a muchísimas diligencias de este tipo. A pesar de ello, era inevitable el gesto de asco en sus rostros, así como el alivio por haber culminado ya. El que se encontraba realmente sorprendido era el presidente, pues había sido la primera vez que tenía a su cargo dirigir una sesión de estas. Siguiendo su reglamento, dirigió unas palabras finales a la concurrencia, no sin antes pedir que guardaran en cajas el botín que se llevarían.





El presidente fue el primero en abandonar la sala. Luego salieron los demás dejando atrás lo que había sucedido y conversando de esto y aquello, de cosas cotidianas y banales. Salieron con las manos rojas por la sangre, portando en una mano la maleta de sus herramientas y documentos. En la otra, cajas de formas diversas, dentro de las cuales se hallaban la cabeza, las piernas, los brazos, la cadera, el pecho, el abdomen, los testículos y las manos – estos últimos iban en cajas más chiquitas. Esas ochos cajas contenían el cuerpo segmentado del hombrecillo de blanco.





El Procedimiento Concursal había cumplido su cometido, había dado a sus acreedores lo último que poseía el miserable deudor. A pesar de que algunos acreedores no estaban tan conformes con el orden establecido, pues era realmente asqueroso tener que lidiar con tripas llenas de comida a medio digerir, ya se habían cumplido las obligaciones impagas y se había terminado el día dejando a su paso una sala con nueve sillas vacías; un piso regado de sangre, fluidos, pellejos y astillas; las paredes humedecidas, un traje blanco despedazado y ensangrentado; y una sensación de escalofrío impregnada en el joven presidente.


*Procedimiento Concursal, es aquel promovido a instancia del deudor, por pedido de uno o más acreedores o de oficio (es decir por el Indecopi, mediante su comisión de procedimientos concursales), es básicamente una ejecucíón colectiva de los acreedores contra su deudor común.

sábado, 19 de septiembre de 2009

ENCADENADO A LUCY SKELLINGTON



Un día, cansado de tanto llorar, me senté bajo el árbol en el que solíamos conversar y en donde por primera vez la vi. Cansado de tanto llorar, triste hasta la médula y sin alma que asomara tan siquiera un poco de vida, quise morir. Deseé estar muerto, con toda la fuerza que produjo mi terrible sufrimiento.

 

La gente me produce demasiada desconfianza, sobre todo la gente nueva porque es muy curiosa. Por ello no tenía amigos y así estaba bien para mí. Prefería pasear solo y mirar el parque lleno de niños monstruosos corriendo de aquí para allá, parejas ocupadas en besuquearse, perros defecando y viejas chismosas fisgoneando y parloteando.


Hasta que una tarde la vi. La vi sentada con las rodillas recogidas hacía su pecho. Tenía el cabello castaño suelto al viento, hojas amarillas de otoño sobre los hombros y pequeñas gotas de rocío sobre la ropa. Estaba ahí, incólume al frío, concentrada, al parecer, en la nada. Me quedé mirándola un rato, imaginando la razón por la que prefería estar sola en la gélida calle y no en algún otro lugar.

 

Pronto el frío se tornó feroz y decidí regresar a casa. Aunque no pude evitar voltear a mirarla de nuevo, seguí avanzando en dirección contraria. De pronto, ella se puso de pie. Una curiosidad un tanto fastidiosa se apoderó de mí y mis piernas no respondieron a lo que mi cerebro les ordenaba. Se quedó inmóvil mirándome fijamente. No dijo ni una sola palabra. No movió ni un solo músculo. No hizo nada, pero sabía que me necesitaba, que me estaba llamando.


No sé cuál es su nombre, ni su edad, ni en donde vive. Sólo sé que estar con ella me es realmente placentero. No habla, pero no necesitamos hablar para entendernos. Siento que sabe todo de mí, se ha convertido en una persona muy especial. Todas las tardes nos vemos bajo el árbol del parque central y las horas son larguísimas a su lado. Son larguísimas y me la paso muy bien mirando hacia la nada, con hojas amarillas en los hombros y con gotas de lluvia sobre la ropa.
Era muy blanca, delgada y poseía un aire misterioso que me tenía encantado. Sus manos eran tan suaves como frías y el cabello tan liso como largo. Cuando me miraba de frente lo hacía directamente a los ojos, parecía decirme que la ayudara, que no me vaya y que le hiciera compañía por siempre. Yo también la miraba fijamente a los ojos pero no sé si entendería lo que estaba dispuesto a no decirle, como ya dije, las palabras no eran necesarias, era una relación por encima de los sonidos físicos, era una conexión entre almas.

 

Siempre estaba tan apurado por ir al parque a verla que se me olvidaba hacer cualquier cosa, se me olvidaba todo y no podía pensar en otra cosa más que no fuera ella. Entonces corrí rápidamente, corrí sin importarme el tráfico de la autopista, ni los ancianitos, ni los perros que atrás de mi corrían; corrí tan rápido como pude y me caí, pero no sentí dolor y me levanté rápidamente. Seguí corriendo y a pocos metros de ella, volví a caer pero esta vez no pude ponerme en pie. La rodilla la tenía totalmente sangrienta y contusa, no se movía. Me arrastré, llegué hasta ella y el dolor que sentía me obligo a cerrar los ojos. Al abrirlos, ella me miraba fijamente y ya no sentía dolor ni tenia ninguna herida. Todo parecía un mal sueño, el episodio del golpe en la rodilla había quedado en el olvido. Me recompuse y me acerqué lentamente a ella, entonces suavemente rocé sus rosados labios, no podía respirar, le dí un beso inocente, un beso infantil, un beso tímido. La besé y ella me besó con el alma. Sentirla tan cerca de mí, mucho más cercana que en otras ocasiones, me puso muy nervioso. Qué era esto tan incómodo y tan maravilloso a la vez que repentinamente sentía. Era como si mis tripas se disolvieran en un doloroso concentrado de jugo gástrico, que era incómodo pero me ponía tonto y contento a la vez.

 

Perdí la noción del tiempo y este transcurría con normalidad para todos, menos para ella. No sé cuanto pasó pero mi cabello se había tornado gris, mi espalda se encorvó y ya no podía correr como antes. Era un viejo, pero ella seguía siendo una joven y atractiva muchacha. Se mantenía a mi lado a pesar de mi condición lamentable, yo la amaba incondicionalmente.



*



Él fue a verla al parque central como todos los días. No la encontró. Entonces sus jugos gástricos terminaron por destruir su ya maltrecho estómago y derritieron también su corazón. Se rehusaba a creer que no la encontraría allí, se acercó y lo que encontró fue la inscripción “QEPD Lucy Skellington”.

Cuando se acercó a ella por vez primera sintió mucho mas frío del que ya hacía. Le parecía demasiado linda y demasiado rara. Le preguntó su nombre pero ella no se lo dijo. Cogió su mano y la introdujo dentro de un agujero que tenía en el pecho. Él se sonrojó y suavemente quitó su mano. Estuvo con ella un momento más y luego se fue a casa y pensó, pero no le dio importancia.

Nunca había llorado, pues siempre había sido insensible a la tristeza. Pero esta vez se sintió tan miserable, tan derrotado, tan viejo que lloró todo lo que no había llorado jamás en su vida. Lloró con toda la fuerza que le produjo su espantoso sufrimiento.

Pero aquel hueco en su pecho representaba la verdadera naturaleza de Lucy Skellington. Una cadena imperceptible a los ojos humanos nacía de aquel agujero, sin embargo él pudo notarla, pero le restó importancia por la emoción que le produjo aquel encuentro. Al introducir su mano en el, se había encadenado a Lucy perpetuamente. Era una cadena sinfín que lo había aprisionado a este mundo sin darle la oportunidad de protestar ni de escapar. Era algo que hasta ahora alcanzaba a comprender.

Quizá ella nunca existió y él se estaba volviendo loco. Al comprenderlo todo quiso quedarse llorando en esa lápida para siempre, pero sabía que eso era inservible pues ella no regresaría jamás. Ahora sólo quería morir para estar con ella. Para buscarla allá donde vivía y decirle con palabras que la amaba.



*



Me precipité hacia el suelo, mis ojos se cerraban muy lentamente y pude ver toda mi vida en un instante. Estaba muriendo por fin y sentí mi alma en paz. Te amo Lucy Skellington, grité. Y grité tan fuerte que ofendí a algún dios.

Abrí los ojos y Lucy no estaba. Abrí los ojos y vi la copa de mismo árbol de siempre en el mismo parque de siempre. Al costado, la adusta lápida con su nombre. Grité tan fuerte al estar muriendo que ofendí a algún dios y por eso no estoy muerto aun, ni moriré nunca. Viviría por siempre encadenado a Lucy Skellington.





viernes, 4 de septiembre de 2009

MI VIDA

Así destruyo mi vida,
sólo en la música encuentro salida
y aunque a muchos les fastidie lo que hago,
hablen de mi y no entiedan mi forma de ser,
yo no hago caso y soy feliz
porque hago lo que quiero
y lo hago poruqe quiero hacerlo.

Así destruyo mi vida,
nada me detiene en este día,
hago de mi cuerpo mil pedazos,
pero estoy cansado de ser
un cruel y feo payaso
que es infeliz
porque amor no ha hallado
y lo que ha hallado no es bueno.

Se termina así la agonía,
vivir una estúpida monotonía, y
aunque esté lejos veo que nada ha cambiado
porque cobarde me he formado
destruyo mi vida a puñetazos.

Y aunque a muchos les fastidie lo que hago,
hago de mi cuerpo mil pedazos,
yo no hago caso
soy un payaso
un pobre e infeliz payaso
porque haciendo lo que quiero
no he hallado amor sincero,
no he hallado nada bueno

ALGUIEN MÁS

Me dijiste que callara,
sólo querías que te escuchara
yo acepté asustada, pero defrente te miraba.
Me dijiste que aún me amabas
y que de mí no te olvidabas,
que el pasado siempre recordabas
y que hoy todos tus sentimientos me llevara.

Mirándote recordé,
no soporté mas y lloré,
es que aún te quiero lo sé
pero contigo no regresaré
porque de otro yo me enamoré
y aunque no es mi tipo, pensé
me gusta mucho estar con él.

Pero fuí debil, tonta y en tu pasión caí,
ya no sentía nada mientras tu cuerpo me amaba,
yo jugando contigo estaba
y mi mente muy lejos andaba,
me sentí mal, comencé a llorar
quería estar con alguien más

Al llegar a casa no recordaba nada
mas bien, quise olvidar esa velada
mi cuerpo ha traicionado a mi alma
y yo a ellos los defraudaba
de verdad, tu y yo nunca llegaremos a nada
adios nuevo amigo, ya no aparezcas en mi camino

miércoles, 2 de septiembre de 2009

ESTRELLAS

El día renació con un mágico albor celestial, tal resplandor no tenía comparación alguna, me hacía sentir feliz y temeroso a la vez, como si mi alma presintiera que algo inesperado ocurriría, pero estuviese dispuesta a aceptar lo que viniese y como viniese con el corazón abierto de par en par. Era una sensación de esperanza y de plena satisfacción que no sentía desde hace demasiado tiempo, al punto de creer que no existía pues la había olvidado por completo.

Con la cabeza arremolinada por estos sentimientos, paseaba yo por la calle distraído y tarareando una canción que me hace sentir muy bien, ocupando mis ojos en pantalones apretados de mujer. Una limosna amigo para poder comer el día de hoy – me dijo una voz débil pero ronca y tosca a la vez. La impresión que me llevé fue muy dura; se trataba de un hombre, yo calculo de unos 53 años, su rostro reflejaba los achaques de su edad, una vida cruel y dura, y claro, la miseria a la que estaba sometido todos los días, con su intimidad de vereda observada totalmente por unos seres cruentos que no se inmutan ante su presencia, que no lo miran y, si lo hacen, es solo para expresar rechazo y repugnancia. Seres que son como él pero diferentes a la vez: los humanos.

Ten... – titubeé un momento. Mejor no, si te doy sólo ésta moneda estaría siendo mezquino con un hermano – pensé. Ven, ven conmigo – le dije, en un arranque de amor por los hombres; en un arranque inspirado por un cielo mágico con estrellas que brillan aun de día.

Fuimos a una bodega, compramos pan, leche, galletas, mantequilla y papitas fritas. Yo quiero eso – me dijo entusiasmado. Esos son chicles – le dije – eso no te llenará la barriga y mucho menos saciará tu hambre. Entonces, soltó el pequeño paquete con algo de desilusión, mientras miraba con atención el empaque plástico de llamativos multicolores.

Todo lo comió muy rápido. Y ya era tarde, y el sol se escondía para dar paso a la luna y a la noche que cubriría el resplandor mágico de este día que se iba acabando. Y las estrellas brillarían, pero ahora en la noche, y todo el mundo – hasta los perros – podrían verlas brillar. Esas estrellas mágicas que suelo ver de día, que no siempre resplandecen como hoy, lentamente se desvanecían y escondían.

Desperté. Una limosna amigo para poder comer el día de hoy – le dije al señor de traje que pasaba; calculo yo tendría unos 53 años, su rostro reflejaba una vitalidad proporcionada por el estilo de vida que de seguro llevaría: una vida fácil, cómoda y frívola, alejado de seres que le eran completamente indiferentes, seres como yo que somos tan humanos como él. Sólo me miró con desdén - ¡aléjate miserable, trabaja! – me dijo con brusquedad, sin saber mi drama.

Sólo soñé ser uno de ellos en un mundo cambiado, un mundo al revés. Quizás nunca este extraño sueño se haga realidad. Quizás pronto lo haga. Lo único seguro es que seguiré viendo el cielo del día colmado de estrellas de la noche. Y eso es suficiente para mí.

Una limosna amigo para poder comer el día de hoy…

VAINILLA




Vomitar. Cuando estoy cerca de ella suelo vomitar. Ella huele muy bien. Olerla me descompone hasta la náusea. Para disfrutar de su olor, primero tengo que vomitar, primero tengo que sufrir. Un dolor agudísimo recorre todo mi cuerpo, desde las tripas hasta el cerebro quemándome por completo, luego se esparce lentamente hasta la punta de todos mis dedos y, enseguida devuelvo una especie de licuado de sesos e hígado. Ella se acerca a mí y con demasiado amor limpia el suelo y me sonríe. Y yo soy feliz porque el aroma nauseabundo de ese líquido negruzco desaparece al disfrutar su maravilloso aroma.

Mi mamá está conmigo siempre y es lo que más amo en este mundo. Sé que criarme le fue muy difícil por lo enfermizo y pusilánime de mi salud, por mi conducta aislada y retraída. Yo sólo quería estar a su lado para sentirme seguro, protegido y feliz. E inevitablemente vomitaba, luego era feliz.

Ella también disfrutaba al estar conmigo. La veía a los ojos y pareciera que el tiempo fuera inagotable, una caricia suya podía durar diez millones de años. Y yo deambulaba por el espacio sideral en busca de un planeta que nos pudiera albergar a los dos, un lugar remoto donde el sol no se ocultara jamás, donde la aves revolotearan sin parar y no huyeran de nosotros, donde no exista nadie más que ella y yo.

Ella era muy linda y encantadora. Su suave y blanca piel me gustó toda la vida. Pero no sólo a mi me gustaba. Él también andaba perdido por ella. Odiaba verlos tan cerca. Él sólo era un decorado del ambiente comparado conmigo, yo tenía ganados su corazón y su voluntad. ¿Debía acostumbrarme a esa escena tan terrible y aceptarla porque sabía que ella me prefería a mi antes que a él? No. La guerra se había declarado y yo nunca perdería.

Los momentos más felices de la infancia los pase junto a mamá. Mi padre siempre me mantenía al margen de todo, como si yo fuese un mueble inservible y cochino. El perro era su preferido - aunque fuera inservible y cochino - mamá lo bañaba y le daba de comer, tenía que hacerlo aunque le costara trabajo y unas buenas mordidas en la mano. Un día cuando íbamos a almorzar pateé al perro para que se fuera y me dejara comer; entonces él me vio, escupió flema verde en mi plato y me obligó a comer. Yo comí por miedo a ser golpeado. Más tarde busqué al perro, hice que me mordiera en la pierna derecha y mi mamá lo mandó a matar. Mi padre se puso muy triste por el perro y alterado porque discutió con mamá. Yo fui muy feliz aquella tarde porque ella estuvo a mi lado atendiendo mi magullada pierna.

Si se metían conmigo la pagarían, si se metían con ella también.

Los años pasaron y día con día yo era más importante para mamá. Me dejaba ayudarla, pero sólo un poco pues era inevitable que tarde o temprano vomitara. Mi padre, en cambio, me ordenaba hacer cosas tontas como acomodar esto o aquello o que coma toda la comida o que me lave las manos después de salir del baño o que me vista de tal o cual forma. Me sentía desplazado, él quería usurpar mi lugar, casi no me dejaba espacio para estar con ella, quería que sólo lo quisiese a él y que se olvidara de mi.

No podía querer a una persona como él. Una persona que me engañó durante mucho tiempo y que me hizo jugar sus invenciones estúpidas; felizmente, y a tiempo, había abierto los ojos a la realidad, ya no podría engañarme más.

Un día de sol salimos los dos al jardín, era perfecto. Ella tomaba mi mano y sonreía diciéndome que me quería, estaba pendiente de mi seguridad también. No había espacio para nada ni nadie más, era un momento infinito y único que nos pertenecía solamente a los dos. Pero todo se perturbó cuando mi padre intervino en nuestro momento. Mi madre lo invitó a participar y, con una sonrisa hipócrita, se unió a nuestra perfección corrompiéndola y tornándola asquerosa y horrible. Fue en ese momento que algo en mi despertó, una sensación extrañamente incomoda que ya había percibido antes, pero no con la intensidad con la que se presentaba ahora. Y los veía a los dos sonreír, sin pasar por el sufrimiento previo a la felicidad, llamándome por mi nombre e invitándome a unirme a aquel momento usurpado por mi padre y que minutos antes era mío y de ella. Corrí hacía el rincón con las manos sobre los oídos a refugiarme entre los nardos y las rosas de mamá. Estaba sufriendo mucho pero de manera distinta; esta vez no vomitaba, esta vez estaba llorando y renegando, odiando al hombre que me había criado hasta entonces, maldiciendo a mi madre, aborreciendo mi existencia.

Solo. Siempre solo. No hay nadie a mi alrededor. Ahora no sufro, no lloro, no odio. He aprendido que no necesito sufrir para ser feliz. He aprendido que en el mundo real no existe la felicidad. Encerrado, sólo me queda vivir de mis preciados recuerdos, mis hermosos recuerdos dentro de un mundo que sólo existe para mi y en donde ella es la reina y es eterna, nunca mas sufriremos pero seremos felices porque sólo nos tenemos el uno al otro. Y mi mundo es perfecto. Lo erigí con mis propias manos utilizando medios y herramientas inverosímiles. Nunca nadie entendió cómo. Nunca nadie supo nada.

Yo no sabía que era ser hombre o que era ser mujer. Sólo sabía que mi madre era ella y que mi padre era él. ¿Qué sería yo? Aún no lo sé. Nunca pude notar la diferencia. Mi padre vestía con pantalones y mamá con vestidos pero a veces se ponía pantalones también. Mi mamá me vestía con pantalones y camisa, pero mi padre se divertía vistiéndome con faldas y vestidos ridículos que luego me quitaba o hacía que me quite para filmarme y después ver esas grabaciones una y otra vez en las que aparecíamos los dos jugando lo que él se había inventado. No me gustaba jugar con mi padre, pero él me decía que un padre y su hijo siempre deben jugar y pasar “tiempo de calidad”, que primero debía sufrir para luego ser feliz, que esa era la ley de las cosas y me lo repetía una y otra vez. La circunstancia feliz llegaba cuando me dejaba ir con mamá a preparar galletas de vainilla.

En ese preciso momento, atrás de los nardos y las rosas de mamá, vinieron de golpe aquellas horrendas imágenes que acabo de mencionar, y de pronto comencé a entenderlo todo. Se trataba de un ser despreciable que me había lastimado demasiado y que ahora quería lastimar a mamá. Con sus sucias manos tocaba su cabello y con su fétida boca besaba sus labios. No lo permitiría ni un momento más. Corrí hacia él con toda la fuerza y la ira que pude acumular en mi frágil cuerpo, en mis manos sujetaba fuertemente las rosas de mamá y sus tallos lastimaban mis manos haciéndolas sangrar. Rodeé su cuello con aquellas espinas ensangrentadas y tiré de ellas con toda mi alma, con todo mi corazón, con todo mi amor. Y ella sufría. Y yo vomitaba.

Nosotros somos sólo dos. Pongo la mesa para dos y jugamos ajedrez que sólo es para dos jugadores. Eran buenos tiempos con mamá. Sabía que después de verla sufrir tanto sería muy feliz. Yo me encontraba en espléndida forma, mejor que nunca. Aún vomitaba al tenerla cerca y sentir su aroma. Aún volaba por las nubes y seguía siendo feliz con ella.

Pero en el mundo real nada es eterno.

Ella me ama. Yo lo sé. Me lo ha dicho diez millones de veces. Pero siempre quieren usurpar mi lugar, siempre quieren quitarme el amor de mamá. Le demostraría a cualquiera que ella era sólo mía y que nadie me la podía quitar. Ya había ganado la guerra una vez, fácilmente podía ganar una y diez millones de guerras más.

Yo flotaba en el cielo en medio de las nubes, no existía nadie más que ella y yo, el mundo entero era para los dos. Acariciaba su pelo, miraba fijamente sus ojos y ella miraba con temor los míos, le decía que la amaba y que nada nos separaría, ella me decía que me amaba también con un temblor en la voz y, finalmente, cuando quise demostrarle todo el inmenso amor que sentía por ella, lloraba y gritaba, me decía no lo hagas, hijo no lo hagas. Y no pude hacerlo. Me botó de encima y corrió despavorida. Como si hubiese visto un monstruo. Corrió a buscarlo a él.

Me sentí muy mal. Estaba sufriendo. Entonces ya vendría el momento feliz. Pero nunca llegó. Mi mamá tampoco estaba feliz. Más bien ella estaba inmersa en un sufrimiento enorme y duradero. Entonces, ¿cuándo sería feliz? No dejaría que él le hiciera daño. Porque ellos siempre la quieren dañar. Decidí entonces mostrarle todo mi amor aunque suframos en el proceso.

Finalmente le hice el amor. Una, dos, tres, cuatro, diez millones de veces; pero ella no sonreía más para mi. Ya no habla conmigo, yo ya no vomitaba y ya no percibía la fragancia celestial de mamá. Esa no era ella. Era falsa, era una impostora. Me la habían cambiado por alguien sin alma.

La gente decía que estaba loco. Que era un enfermo. Yo no entendía nada. ¿Era acaso, tan malo amar a alguien? ¿Era perverso o cosa de locos sentir amor por ella?

Tres hombres extraños me cogieron por la espalda y me golpearon duramente. Recuerdo que hubo muchísima gente en la calle ese día, más de la que había visto en toda mi vida, todos gritándole a un loco y a un enfermo y haciendo mucho ruido también. La impostora había sido eliminada por fin, yacía tirada en el jardín, al lado de mi padre enterrado, bajo un olmo muy frondoso donde mamá y yo solíamos conversar y ver aves volar.

Pero ella no estaba, se fue. ¿Acaso me abandonó? Quizás porque pensó que yo ya no la amaba y prefería estar con la impostora que con ella. Los hombres que me cogieron me prometieron ayudar a encontrarla, no podía estar sin mamá.

Postrado en un lugar sin color, sin sueños, sin esperanzas y sin ilusiones; en un total olvido y donde no existen el pasado, el futuro o el presente, donde no se sabe si el tiempo va hacía atrás o hacía adelante, recordé el mundo foráneo - ese mundo al que llaman real - cuando vivía con ella. Recordé derrepente mi vida en un mundo de mentiras, en un mundo ajeno que no fue creado para mí; vomité las entrañas y recordé, al sentir diseminado por el aire ese suave y dulce perfume de vainilla.